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viernes, 1 de julio de 2016

De Europa para el mundo: páginas desde el viejo continente


   Clásicos. Herederos de las antiguas Grecia y Roma. Cada uno con su música y su estilo.

Los alemanes
    El Hermann Hesse de El lobo estepario y el Heinrich Böll de Opiniones de un payaso son esenciales. Pero no menos lo es el Günther Grass de El tambor de hojalata: uno de los más feroces -y bellos- documentos literarios contra el horror nazi. Fantástico y realista, toda su obra ronda en torno de Alemania, su miseria y su tragedia.
Günter Grass:                              Hermann Hesse:
un tambor que no calla.             ¿Quién no leyó Demián?



Los ingleses

   Inagotables. Así, al azar: el estremecedor teatro de Harold Pinter. Los poemas de T.S. Eliot (T.S.: Thomas Stearns). El Graham Greene de El poder y la gloria. El genial Malcolm Lowry y su novela clave: Bajo el volcán. Chesterton y Saw, claro. Edward Morgan Forster y su inquietante Pasaje a la india. Y Aldous Huxley y sus fundamentales Viejo muere el cisne y Un mundo feliz. Inmortales...
Aldous Huxley. Conmovió con Las puertas de la percepción.



Los italianos
   Llevan al Dante en su mochila. Vaya peso... Y vaya legión. Alberto Moravia (La romana). Vasco Patrolini (Crónica de los pobres amantes). Cesare Pavese (El oficio de vivir y Trabajar cansa). Italo Calvino (El barón rampante y Si una noche de invierno un viajero). Dino Buzzati, su teatro y su novela capital: El desierto de los tártaros. Antonio Tabucchi, su famosa Sostiene Pereira (en el cine, magistral trabajo de Marcello Mastroianni) y su Nocturno hindú. Ugo Betti y su punzante teatro de denuncia. Y Umberto Eco (El nombre de la rosa, El péndulo de Foucault y La isla del día de antes): un genio moderno; numen de la Universidad de Bologna (la más antigua del mundo) y capaz de una sorpresa en cada línea.
       Alberto Moravia.                 Cesare Pavese.                   Antonio Tabucchi:
     Fuerte literatura social.     Las letras militantes.         a la fama con Sostiene Pereira.



Los checos

   Por supuesto, Franz Kafka. En el otro extremo del siglo, el misterioso y promocionado Milan Kundera (La insoportable levedad del ser, La broma, La vida está en otra parte, El libro de la risa y el olvido). Literatura y filosofía. Su gran tema: la búsqueda de la felicidad. El comunismo lo arrojó, exiliado, a París.
Milan Kundera: un escritor y una moda.





Los rusos
   Imposible no hablar de Boris Pasternak -obligado a rechazar el Nobel- y de Alexander Solyenitsin, modelo de disidente anticomunista. Pero antes, honor a Máximo Gorki (cultivó el realismo socialista, pero con arte) y su gran novela: La madre.
Máximo Gorki y su texto clave: La madre.




Los españoles
   Vienen de Cervantes, nada menos. Se llaman Pío BarojaManuel de Unamuno, Ramón del Valle Inclán, Manuel Vicent. Más cerca en el tiempo, Miguel Delibes, Rosa Chacel, Francisco Umbral, Antonio Gala. Y de un joven-viejo: joven en años, viejo en experiencia: Arturo Pérez Reverente, corresponsal de guerra (La piel del tambor, El capitán Alatriste) de fina pluma. Detrás tienen a Lope de Vega, a Calderón de la Barca. Por lo tanto, estaba prohibido fallar.  
 Arturo Pérez Reverte. Así       Manuel Vicent. Clásico y moderno
 en la guerra como en la paz.      Más que pluma, un buril.



En portugués
   No importa que Jorge Amado y Vinicius de Moraes sean brasileños y Fernando Pessoa Portugués. El idioma es el mismo. La herencia de Eca de Queiroz, también. 
   Vinicius será recordado eternamente por la letra de Garota de Ipanema. Pero Garota... es apenas una menguada parte de las maravillas que urdió frente a su eterno vaso de whisky.
   Jorge Amado es -total y definitivamente- el Brasil. Es Doña Flor y sus dos maridos, Gabriela clavo y canela, Teresa Batista cansada de guerra. Nadie como él escribió la magia de Bahía. En cuanto a Fernando Pessoa, es la poesía absoluta. Un Mozart del poema. En 1998, las letras lucitanas fueron reconocidas con el Nobel a José Saramago.
Jorge Amado: el                José Saramago,                 Vinicius de Moraes:
Brasil en explosión.          premio Nobel 1998.           la garota y mucho más.











viernes, 24 de junio de 2016

JUEGO DE DAMAS

Iconoclastas, talentosas, geniales, excedieron la simple rebeldía y nos legaron obras de lograda belleza.     


Para celebrar el estilo literario de una mujer, en la primera parte del siglo pasado se solía decir que "escribe como un hombre". La frase, tan injusta como machista, mereció comentarios más burlones que indignados de las escritoras que figuran en este post. Porque demostraron con obras maravillosas, en todo el sentido de esa palabra, que el talento literario no era cuestión de sexo, sino de vocación, sensibilidad, trabajo duro y constante (ninguna fabuló seriamente con ser una mistagoga que recibía gratuitamente y al dictado elegías redactadas por los dioses), y una capacidad de observación muy poco frecuente en cualquier ser humano. Las diez -la cifra es necesariamente arbitraria, porque seguramente hay muchas otras como ellas- poseyeron las condiciones y las cualidades necesarias para concretarlas en poemas, en novelas, en cuentos y en ensayos que iluminaron con belleza e inteligencia al arte que practicaron. La humanidad toda es su herencia.
            
                                      Letras castellanas
1. Gabriela Mistral: (Chile-1889; EE.UU.- 1957). Se llamaba Lucila Godoy. Premio Nobel de Literatura en 1945, fue la poeta del dolor y del amor: "Piececillos de niños/ azulados de frío:/ ¿Cómo os ven y no os cubren, Dos mío?".
2. Silvina Ocampo: (Buenos Ares, 1903-1993). Poeta, cuentista, novelista (Viaje al olvido; Las invitadas), quien fue esposa de Adolfo Bioy Casares ganó con su ora el derecho de figurar entre las grandes.
3. Alfonsina Storni: (Suiza, 1892; Mar del Plata, 1938). Una enfermedad incurable la llevó al suicidio. Sus poemas bellísimos como El dulce daño- han conmovido a cinco generaciones. 


4. Juana de Ibarbouru: (Montevideo, 1895-1980). Juana de América como llamaron a la poeta uruguaya, cantó lo cotidiano con sencillez y elevado lirismo, como en Canciones para Natacha, y El cántaro fresco.
5. Isabel Allende: (Lima, 1942) Cuentista, novelista, la autora de La casa de los espíritus y de Los cuentos de Eva Luna ocupa un lugar destacado en la narrativa internacional.
6. Victoria Ocampo: (Buenos Aires. 1890-1979). Fundó Sur, en donde deslumbraron los mejores escritores del mundo. Pero la hermana mayor de Silvina fue una excelente prosista ella misma, sobre todo en Testimonios.


                               Un Mundo de Palabras
1. Margarite Yourcenar: (Bélgica, 1903- EE.UU, 1987). Profesora de Literatura Francesa, traductora, autora de novelas tersas y potentes como Memorias de Adriano, fue la primera mujer en ingresar a la Academia Francesa.
2. Marguerite Duras: (Indochina, 1914- París, 1996). Autora de Hiroshima mon amour y de El amante (novela autobiográfica), rebelde, inconformista, se adelantó décadas a su tiempo.


3. Virginia Woolf: (Londres, 1882- 1941). En sus novelas -como El faro, Las olas, Orlando- desnudó la psicología de la sociedad  de la primera parte del siglo XX.
4. Simone de Beauvoir: (París, 1908-1986). Discípula y pareja del filósofo Jean-Paul Sartre, fue autora de excelentes novelas como Los mandarines, y ensayos como El segundo sexo.









miércoles, 22 de junio de 2016

El boom y sus hombres: escritores latinoamericanos


A mediados de la década de los 60 y con fuerza volcánica estalló el fenómeno de la literatura latinoamericana y su gran caballo de batalla: el llamado realismo mágico.

Carlos Fuentes: ganador de los premios Cervantes (equivalente al Nobel en idioma español) y Príncipe de Asturias, el novelista mexicano (nacido en Panamá en 1928-†2012), es autor de obras fundamentales como La región más transparenteLa muerte de Artemio CruzGringo viejo (llevada al cine), Orquídeas a la luz de la luna y Ceremonias al alba, entre otras. Prolífico, verborrágico, histrión y seductor en su vida personal. A pesar de que pasó varias temporadas fuera de su país acompañando a su padre, que era diplomático de carrera, su tema es el ser mexicano, al que expresó con profundidad y belleza. Su estilo es vigoroso y directo. Suele incurrir en arcaísmos, pero aun así su prosa es cristalina.



Guillermo Cabrera Infante: Cubano nacido en Ginebra (1929 †2005). Se nacionalizó inglés cuando se exilió en 1965, en disidencia con el régimen castrista, al que apoyó en 1959, cuando comenzó la revolución. En sus novelas, entre las cuales se destacan Tres tristes tigres, Vistas del amancer en el trópico, La Habana para un Infante difunto y Delito por bailar el chachachá, ejercita un humor cínico y muy efectivo y lleva los experimentos con el lenguaje hasta sus últimas consecuencias. En ellas subyace siempre el dolor del exiliado, porque invariablemente el tema es su Cuba natal. Su segunda pasión, luego de la literatura, es el cine. Fue un importante crítico y en la obras Arcadia todas las noches recopiló sus escritos sobre el cine universal.



Mario Vargas Llosa: Desde sus primeros cuentos (Los jefes) hasta sus estupendas novelas como Conversación en la catedral, La casa verde, o La guerra del fin del mundo, este peruano nacido en Arequipa en 1936, ganador del Cervantes, del Príncipe de Asturias y del Nobel de Literatura, deslumbró a los lectores. Político (fue candidato a la presidencia de su país y perdió contra Fujimori), se exilió voluntariamente en Londres y en España, país del que adoptó  la ciudadanía. Su estilo, realista con toques permanentes de humor, es tan vigoroso como fascinante. Muchas de sus obras son autobiográficas y reflejan su intensa vida amorosa.



Juan Carlos Onetti: Uruguayo (Montevideo, 1909- †Madrid, 1994), Onetti dividió su vida entre su ciudad natal y Buenos Aires. Periodista, creador de Marcha (una revista literaria y política de avanzada) y ganador del Cervantes, sus mejores novelas hablan de la incomunicación y la desesperanzada de los habitantes de un pueblo imaginario llamado Santa María, influencia directa del Yoknapatawpha de William Faulkner. Novelas clave: El astillero, Dejemos hablar al viento, Juntacadáveres. Sus cuentos (El infierno tan temido es paradigmático) son auténticas obras maestras.  



Alejo Carpentier: Los críticos literarios afirman que este cubano (La Habana, 1904-†París, 1980) es el padre del llamado realismo mágico latinoamericano: una línea narrativa que une la fantasía con la realidad y que hace de Carpentier el fundador del boom. Novelista, poeta, ensayista y musicólogo, soportó cárceles y exilios por sus ideas antifascistas. Entre sus novelas se destacan El reino de este mundo, Los pasos perdidos, El siglo de las luces, La consagración de la primavera y El acoso
En su obra se destacan influencias africanas y del barroco francés.



Augusto Roa Bastos: Paraguayo (1917, 2005) y feroz enemigo de las dictaduras que azotaron a su país, es -además de un formidable escritor- el símbolo del perpetuo intelectual exiliado: pasó las tres cuartas partes de su vida fuera de su patria. Sus grandes temas: el drama político y social de Paraguay y el perfil de los totalitarismos. Premio Cervantes, son fundamentales sus novelas El trueno entre las hojas, Hijo de hombre y Vigilia del almirante. Pero el gran resumen de su literatura está en Yo, el supremo, basada sobre la vida y los hechos del dictador paraguayo José Gaspar Rodríguez de Francia. 



DESPUÉS DEL FENÓMENO 
                    por Tomás Eloy Martínez, 1999, (autor de Santa Evita)

   Consultado acerca del fenómeno de la literatura latinoamericana, Tomás Eloy Martínez opinó: "El boom tiene su origen a fines de los años 50, cuando los escritores latinos se nutren de los norteamericanos (Hemingway o Faulkner). Los primeros en romper el fuego son Cortázar (Armas secretas, Rayuela) y Vargas Llosa (La ciudad y los perros).
   Más tarde, García Márquez provocará una revolución cultural que sacará a la luz a muchos autores de habla hispana que, hasta ese momento, eran desconocidos. A su vez, los europeos consagran la obra de Borges y los medios de comunicación se encargan de despertar en la gente el apetito por personajes de ficción que hablan su mismo idioma.
   Sin embargo, en el final del siglo, no perduran los efectos de esa fiesta literaria ya que hoy es muy difícil que un escritor latino tenga difusión de su obra en otros países. Tan sólo quedan algunos escritores que alcanzan notoriedad después de ganar un concurso literario. Así se dejan de lado a muchos talentos que esperan su oportunidad. La misma que hace cuarenta años tuvieron nuestros grandes maestros".

sábado, 18 de junio de 2016

LOS MALDITOS

   No todos los malditos de la literatura lo son por las mismas razones.
   Aquí hay cuatro líderes. Veamos por qué...

   El término malditos tiene dos paradigmas, aunque no de este siglo: Jean Arthur Rimbaud y Edgar Alan Poe. Malditos y geniales. Rimbaud dejó de escribir a los 19 años y se dedicó -entre otros turbios oficios- al tráfico de esclavos. Poe -alcohólico y de trágica vida- murió en la calle bajo un ataque de delirum tremens. Ezra Pound (1885-1972), monumental poeta, adhirió al fascismo, fue acusado de alta traición contra los Estados Unidos (su país), lo declararon demente y llegó al hospicio encerrado en una jaula. El británico Dylan Thomas (1914-1953), alcohólico, murió en una taberna tras decir "veinticinco whiskys no es mal récord...". Vladimir Nabokov (1899-1977, ruso nacionalizado estadounidense) llevó una vida casi bucólica (profesor de Literatura y coleccionista de mariposas), pero su novela Lolita -amor entre un cincuentón y una chica de doce años- lo alineó en el escándalo. Truman Capote (1924-1984) -alcohólico, drogadicto, homosexual- fue condenado por la high society norteamericana, de la que fue niño mimado, por las miserias de esa clase que reveló en sus novela Plegarias atendidas.



Ezra Pound (1), fue una cumbre de la poesía elaboradísima, culta y cosmopolita. Influyó sobre Yeats, Joyce y Eliot. Fue brillante traductor de clásicos y experto en literatura china. Lo mejor de su obra está en Cantos (inconclusa) y Cantares. Dylan Thomas (2). Poeta de vanguardia, guionista de cine y televisión periodista. Se incorporó al movimiento Nuevo Apocalipsis. Asombró en 1934 con su libro Dieciocho poemas y Bajo el bosque lácteo. Su libro más leído: Retrato del artista cachorro. Vladimir Nabokov (3). Brillante escritor y profesor y analista de literatura. Su novela más famosa es Lolita: polémica en todo el mundo, llevada al cine y prohibida en la Argentina bajo la dictadura de Onganía. Otro título clave: Ada o el ardor. Truman Capote (4). Su obra capital es A sangre fría: la mayor novela del género Non Fiction (retrato novelado de hecho reales). Es la historia de la vida, crimen y muerte en la horca de dos asesinos marginales que masacraron a una familia en una granja de Kansas. Pero también son insoslayables sus relatos de Marilyn Monroe y Marlon Brando, y sus novelas Desayuno en Tiffany's y Otras voces, otros ámbitos (su primer libro).







Es imposible hablar de escritores malditos sin acudir a las figuras de Charles Bukowski (EE.UU), Henry Miller (EE.UU) y Jean Genet (Francia). El primero (1920-1994) es un referente fundamental de la rebelde e inconformista Beat Generation, antecedente del movimiento hippie. Exaltó al macho egocéntrico e ignorante que sólo busca placer en la violencia, el sexo y el alcohol. Títulos clave: Memorias de un viejo indecente y Erecciones, eyaculaciones, e exhibiciones y demás relatos de la locura cotidiana, autobiográficas. Miller (1891-1980) vivió diez años en París -una vida disoluta y escandalosa- y alborotó al mundo con la crudeza de sus novelas Trópico de Cáncer, Trópico de Capricornio, Sexus, Plexus y Nexus. Genet (1910-1986) pasó largos años en reformatorios y cárceles por robo y prostitución masculina. Sus novelas (Nuestra señora de las flores y El milagro de la rosa) y su autobiografía Diario de un ladrón son clave, lo mismo que su formidable pieza teatral Las criadas.

Pasión, Aventura y Muerte

Ernest Hemingway

   En 1914, cuando el futuro escritor tenía 15 años, estalló la Primera Guerra Mundial. Por su edad no lo admitieron como soldado, y él se alistó como camillero voluntario en el servicio de ambulancias y fue herido de gravedad en Italia. Precoz, vivió allí un intenso amor por una enfermera, que luego contó en su novela Adiós a las armas. Pero no se conformó con esa herida, y como periodista cubrió la Guerra Civil Española (1936-1939). Para repetir su propia historia, nuevamente fue herido, nuevamente se enamoró, y en otra novela (Por quién doblan las campanas), narró esa experiencias. Repitió su propia historia en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Pescador de grandes peces (El viejo y el mar); cazador de leones (Las nieves de Kilimanjaro), borrachín, peleador de tabernas (decía de sí mismo que era El Gran Macho Norteamericano), se casó cuatro veces, y sus amantes fueron incontables. Ganó el Nobel de Literatura. No pudo soportar la decrepitud y, en 1961, el gran escritor norteamericano se suicidó de un escopetazo en la cabeza.


                       Escribía desde la madrugada                                   En una cacería africana
                       hasta el mediodía frente a una                                           en 1953.
                                  tarima elevada.



                                                      LOS AVENTUREROS
vivieron más aventuras que los personajes de sus obras.
 
   El italiano Gabriele D'Annunzio (1863-1938; izquierda) vagó por Europa y África  y experimentó todo lo prohibido. En sus novelas como El placer y El fuego revela sólo algunos de esos hechos. Como poeta, en Elegías romanas celebró la ciudad y el amor.

   El norteamericano Mark Twain (1835-1910; centro), pescador, vagabundo, humorista, se salvó de morir en manos de los pieles rojas. Contó su país en Las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn.
   El inglés Grahan Green (1904-1991; derecha) utilizó su trabajo de periodista para trabajar como espía para el MI-6 británico. Estuvo a punto de ser fusilado, pero luego ello le permitió redactar novelas como El tercer hombre y El factor humano

 

jueves, 16 de junio de 2016

Los norteamericanos: Transgresores, exquisitos, geniales

Las letras norteamericanas del siglo XX fueron un prodigio: muy pocos países, en ese lapso, produjeron tanta calidad y, al mismo tiempo, tanto éxito de librería.

   Es un axioma: todo periodista en los Estados Unidos sueña con abandonar algún día el tráfago de las redacciones y escribir "la gran novela americana". Muchos críticos juran que tal novela no ha sido escrita aún. Sin embargo, la suma de ellas la configura de sobra. Porque está Hemingway. Porque está Stephen Crane y La insignia roja del valor (joya de la llamada Generación Perdida). Porque Truman Capote crea el formidable género de Non fiction con su estremecedora A sangre fría. Porque Norman Mailer pudo escribir Los desnudos y los muertos (todo el horror de la guerra) y también un texto memorable (El combate) acerca de la pelea Muhammad Alí -Floyd Paterson en Zaire (hoy Congo). Porque John Steinbeck sacudió al mundo con su drama rural Viñas de ira. Porque Tom Wolfe (periodista de lujo, maestro) se mete en la novela y lanza La hoguera de la vanidades, feroz documento sobre el poder a veces letal del dinero y el éxito. Porque... (y siguen las firmas).


El más prolífico: un titán de a mil páginas por libro. Su gran novela: Los desnudos y los muertos. Su empate con Capote en Non fiction: la vida y la muerte del asesino Gary Gilmore en La canción del verdugo. Las luces y sombras de la CIA en El fantasma de Harlot. Un lúcido retrato de Marilyn Monroe (Marilyn), y hasta una muy personal novela sobre Jesús a partir de los Evangelios. Contestatario, se opuso duramente a la guerra de Vietnam.


Periodista: -Si usted cree que hay libros que se escriben con facilidad, ¿qué diría uno de esos libros?

Mailer: -Me temo que diga que los Estados Unidos entran en la pesadilla de su destino, como un gigante loco en una canoa semidestrozada, sangrando por las heridas arriba y abajo, rugiendo de asombro, sofocándose con radiotransmisores en la cadera y radares en la oreja. Ese gigante sufre de una enfermedad espantosa.
P: -¿Cuál?
M: -La codicia, la vanidad.
P: -¿Qué más?
M: - La fáustica necesidad de amasar todo el conocimiento, de esclavizar a la Naturaleza.
P: -¿Y cuál es el primer vicio de este gigante que, según sus palabras, simboliza a los Estados Unidos?
M: -La arrogancia. La mitad de la población de este país cree estar en posesión del genio. No es por casualidad que yo postulo la Presidencia del mundo literario. Me agradaría que a usted le gustase más mi obra. Entonces podría contarle muchas cosas interesantes sobre ella. Pero... en fin, dicen que Beethoven habla para sí.
* (Extraído de una entrevista publicada en The New York Times Review of books)





Jerome David Salinger  (iconista y amante de del mundo de los adolescentes en lucha contra el mundo de los adultos) escribió una novela-ícono: El cazador oculto (también conocido como El guardián entre el centeno). Su cuento Un día perfecto para el Pez Banana es una lección de alta literatura.









Brillante. Tres grandes novelas: La música del azar (terrible paso de lo normal a la pesadilla), El palacio de la Luna y Leviatán. Dato muy familiar para el público que aún no lo leyó: también escribió el guión de esa joya del cine que se llama Cigarros.


   

















Sí: el autor de la tetralogía Corre Conejo, El regreso de Conejo, Conejo es rico y Conejo descansa. Irónico y virtuoso del estilo, reflejó con fino bisturí a la sociedad de su país a partir del matrimonio, el sexo, la religión y el vacío ideológico.










Cumbre de la Generación Perdida. Impostergables: Manhattan Transfer (Nueva York como nunca se contó) y USA, el paralelo 42 y El gran dinero. Duro crítico del American Dream -el sueño americano.












Dandy de traje blanco y de Quinta Avenida neoyorkina, asombró con sus crónicas de los 60 y 70 (La izquierda exquisita, por caso), con su primera novela (La hoguera de las vanidades), y es el tótem inevitable de todo periodista-escritor.


















Poeta fundamental de la Generación Beat.
Anticonformista, se hizo marginal y vagabundo. Gran buceador de las miserias urbanas. Claves: su famoso Diario, Sándwiches de realidad, Noticias del planeta y Primeros blues, rags, baladas y cantos con el armonium.

miércoles, 15 de junio de 2016

¿30 AÑOS SIN BORGES?

*Escrito el martes 14 de junio de 2016.  8:23 hs.
Hoy, a treinta años del aniversario de su muerte, quiero recordar su grandeza con este simple post...
                                                             (ilustración de Horacio Sierra)


   Jorge Luis Borges, el mayor escritor del siglo, escribió que cada hombre es todos los hombres que vivieron antes que él, y profesó la pesadilla intelectual de ser él y ser los otros. Sorprendente genial, con sus deslumbrantes ajedreces estilísticos generó una estética única e inimitable, y abrió un sendero literario que con su muerte se cerró para siempre.
 
   Borges. ¿Qué más decir? Borges. ¿Queda alguna palabra mágica sobre él, una palabra mágica y jamás usada? Borges. Borges. Borges. Borges. Borges. Bor...
   Quería ser -son sus propias palabras- "el hombre invisible". Algo así como un ser astral, sin cuerpo, sin urgencias ni apetencias físicas, sin sudor y sin lágrimas. No un hombre concreto: sólo, apenas y magníficamente un escritor en estado puro. Jamás se imaginó -es más detestó la idea- llegar a tótem, a deidad, a leyenda, a mito argentino y, acaso, universal. Pero cometió el peor de los pecados (como lo confesó en uno de sus inmortales prólogos): no fue feliz. Entre otras cosas, porque millones comieron de él, de sus historias, de sus anécdotas, de su biografía oficial y no oficial, de sus infinitos autógrafos en infinitas ferias, de las mañanas y de las tardes que su cortesía les cedió en el departamento de Maipú y Marcelo T. de Alvear. Leer a Borges fue obligación primero y rito después.  No leerlo, pecado mortal. Decir "No lo leí" o "no me gusta" o "no lo entiendo" (supremo acto de sinceridad) fue anatema. Fue Borges presa de todos: del peatón anónimo de calle Florida, del taxista, del mozo de café, del periodista que se adjudicó (mentira...) su amistad, y hasta del mediocre plumífero que inventó un pobre poema, lo firmo Borges y lo colgó en la pared de un almacén. Imitado (mal) hasta la saciedad, erosionado por la fama, devorado por los medios, se fue a morir a Ginebra, y allá siguen sus huesos. Puede ser que los años -nunca el olvido- le hagan justicia. Que El Poema de los dones pese y valga más que una anécdota, un retruécano, una ironía borgeanos. Que El Aleph, Ficciones, Otras inquisiciones, El informe de Brodie, El congreso, el oro de los tigres le hagan definitiva justicia al hombre que no quería ser carne, sangre y huesos sino literatura. Sólo literatura. Amén.



la familia


                                                 
            Norah (su hermana), Jorge Luis a los 16 años, Jorge Gullermo (su padre) y 
            Leonor Acevedo (su madre). Año 1915. En la casona de Palermo. Después 
            mudanza a Adrogué. 





                                         Con su madre en Londres. Década de los 50. 
                                         Ya era célebre: su obra estaba traducida a diez idiomas.



sus amigos


          Con Adolfo Bioy Casares. Ya escribían juntos bajo el seudónimo Bustos Domecq.





Con el grupo de intelectuales de la revista Sur que fundó Victoria Ocampo.





Con Ernesto Sábato en un bar de San Telmo después de veinte años de enemistad.






sus mujeres


Con Estela Canto (a sus 25 años) en la Costanera Norte. Estuvo 
desesperadamente enamorado de ella.




Con Elsa Astete de Millán se casó a los 67 años pero su 
matrimonio duró lo que un papel en el fuego.




Con María Kodama -su última mujer- a punto de emprender un viaje
en globo. Esa curiosa experiencia le dictó también un curioso libro: 
Atlas. Brillante crónica de dos ambulantes.




   sus libros


                  Fervor de Buenos Aires, su primer libro. Publicado en 1923. Tenía sólo 24 años.





Primera edición de El Aleph. Beatriz Viterbo y Carlos Argentino Daneri:
personajes inolvidables del cuento homónimo.




Ficciones: obra imprescindible para acercarse y comprender el complejo
universo borgeano, más allá de espejos y laberintos.





Borges con Buenos Aires a sus espaldas: "No nos une el amor 
sino el espanto/ Será por eso que la quiero tanto". Verso inmortal.





  sus últimos días

En su amada ciudad de Ginebra. Aquí estudió en su juventud y más de una vez
dijo que sus restos descansarían en esa tierra. La profecía se cumplió.





Su tumba en Ginebra. Está junto a un árbol. El sobrio monolito es de granito puro.
Tiene como inscripción un fragmento de una remota leyenda escandinava. 
Visitar este rincón se convirtió para muchos viajeros en un rito de culto.



SIEMPRE VIGENTE por María Kodama (1999)

   Si el arte de la escritura consiste en permanecer vigente a través de los años, sin dudas Borges cumple por completo esa premisa. Aunque no fue un filósofo, toda su obra está empapada de ese pensamiento ya que, desde muy pequeño, sus padres lo formaron en distintas escuelas de pensamiento. Por eso a todo lo que escribió le dio un profundo sentido de lo ético, atrayendo a millones de lectores de distintas edades, concepciones y lenguas.
   Igual que las tragedias griegas, que uno las aprecia aun cuando fueron escritas hace cientos de años, los seguidores de Borges y los que lo leen por primera vez encuentran en sus historias un mensaje pleno, vigente y con una perfección de estilo que marcó y transformó la literatura contemporánea.
   A trece años de su desaparición, a los que lo conocimos de cerca no sólo nos queda el fruto de su pensamiento, también recordamos y extrañamos lo más vivo de su persona: su ironía, su humor tan particular, su infinita ternura, esa capacidad para conectarse lúdicamente con la vida y su enorme curiosidad y asombro, aún por las cosas más simples. Síntesis esencial de un hombre extraordinario que un día nos dejó pero que nos acompañará por siempre.